Dr. Nogales - Psychological Counceling
 
Artículos de Ana Nogales
    ¿EN QUÉ ASIENTO DEL AUTO SE SIENTAN LAS MUJERES?
Auto
Esta era una pregunta que carecía de sentido hace algunos años. Quienes tenían auto eran los hombres y por supuesto que eran ellos los que manejaban; por lo tanto el lugar que le correspondía a la mujer era el asiento de pasajero, al lado del hombre. Pero en realidad, no se trataba solo del lugar de la mujer en el auto, sino también en la vida diaria: estar al lado del hombre y darle el lugar para que sea el quien tome las decisiones. Aunque la metáfora parezca extravagante, es el conductor quien toma las decisiones de cómo llegar al destino, qué ruta tomar, a que velocidad ir, dónde parar a descansar, o sencilla y terminantemente cuándo ir.

Pero con el tiempo, y aunque en nuestros países en Latinoamérica todavía no sea tan así, las mujeres han requerido de su propio medio de transporte. Por lo tanto, las mujeres también manejan.

Sin embargo, las mujeres tradicionalmente le han entregado las llaves de su auto a su compañero para que sea él quien conduzca. En otras palabras, no se veía bien que sea la mujer quien conduciera el auto mientras hubiera un varón de pasajero. Traducido en otros términos, por más que la mujer tuviera en sus manos su destino, se lo entregaba al hombre para que asumiera dicha responsabilidad. Nuevamente, la mujer continuaba de pasajera. Pero desde entonces, la mujer comenzó a opinar más, a decir por donde ir o a quejarse si su conductor iba demasiado recio. Sus opiniones no fueron bien recibidas, es más fueron fuente de discordia. “¡Yo soy quien manejo y no tu!”, es lo mínimo que muchas mujeres recibieron a cuenta, mientras otras fueron condenadas a expresiones mucho mas machistas tales como “¿¡por qué no te quedas en la casa lavando vasijas!?”.

Pero la mujer no se quedó en la casa, siguió con sus tareas dentro y fuera del hogar, convencida que ella podía convertirse en ser su propia conductora. Y así se creo una nueva generación de mujeres que aprendieron a tomar rienda de su propio destino, a pesar de los muchos peros que recibieron durante sus vidas. Estas mismas mujeres que enseñaron a sus hijos a vivir con plena confianza en si mismos, hoy llegan a los 50 y 60 + años y confrontan una nueva posición en el automóvil: la relación con sus hijos. Cuando sale la familia junta a un evento o sencillamente de paseo, la hija o el hijo va acompañado de su cónyuge en los asientos de adelante, y ella que vive sola porque es soltera divorciada o viuda, va en el asiento de atrás, donde no puede escuchar la conversación que se lleva a cabo en el frente. El asiento de seguridad la mantiene físicamente restringida de aproximarse, el aire acondicionado del auto sirve de interferencia sonora, y la pareja que ahora lleva el control, se da solo la media vuelta para avisarle que ya llegaron. Desde el asiento de atrás ya no hay nada que protestar, nada que sugerir, ¡ni nada que disfrutar! El asiento de atrás se convierte en la condena de la edad más avanzada, a la que muchas mujeres se resisten porque en definitiva implica la rendición de la vida.

Así como la ingeniosa novelista chilena Marcela Serrano lo describe, hay dos tipos de mujeres, las que viajan en el asiento de atrás y las que no.

De hecho, lo más importante es que toda mujer tiene la posibilidad de tomar dicha decisión metafórica, la de dónde quiere sentarse en el automóvil. Recordar que uno se sienta donde decide o donde acepta, es lo que hace la diferencia entre ser partícipe o víctima del rol que la familia o la sociedad impone.

Dra. Ana Nogales - Orientación Psicológica para la Familia Latina

 
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