Dr. Nogales - Psychological Counceling
 
Artículos de Ana Nogales
    Rendirse es sabiduría


Hay veces que la vida no nos permite el rumbo anhelado. Luchamos por lo que tanto queremos, pero un obstáculo tras otro interfiere el camino. ¿Debemos seguir luchando o es mejor rendirse? Debatimos qué opción tomar después de consultar con quienes merecen nuestra confianza y, de todos modos, seguimos sin saber si debemos parar o cuándo hacerlo.
Para muchas personas, parar es rendirse, con su terrible connotación de fracaso. Para otras, parar y ver las otras opciones es una salida lógica e inteligente.
Quienes viven días de infelicidad, en relaciones abusivas, en proyectos que no culminan, sienten la urgencia de insistir, aún en su inconformidad, posiblemente en la queja, en la desolación o en el canal del resentimiento.

Si bien este puede ser un comentario con intención de cambio, es por lo general lo que perpetua la miseria. El cambio no aparece, pero el descontento continúa o acrecienta.
Para quienes saben de qué estoy hablando, la opción es “rendirse”, pero no con el sentido del fracaso, sino con la bondadosa actitud de quien sabe que ya no puede seguir por el mismo camino, que debe encontrar otro. Quien sabe rendirse a tiempo, puede encontrar nuevas opciones, hacer cambios y encontrar mejores posibilidades de acción. Cuando uno llega a poder decir “hasta aquí”, pone límites a su infelicidad y abre puertas a un nuevo modo de vida. “¡Hasta aquí con mi miseria!” me dijo una paciente víctima de violencia en su hogar. “De hoy en adelante soy la dueña de mi vida y no se la entrego a nadie más”. Para poder llegar a esta conclusión, María tuvo que rendirse a la idea de que el tiempo ayudaría a mejorar su relación con su esposo; que sus súplicas pudieran llegarle al corazón, que sus lágrimas pudieran conmoverlo. María se rindió y, al hacerlo, pudo mirar su propia vida y optar por dónde llevarla.
Lo mismo le ocurrió a Carlos. Trabajaba mucho queriendo tener una vida mejor. Trabajaba largas horas hasta que su espalda comenzó a resentirse, su diabetes le llamó la atención y, finalmente, su corazón le bloqueó el camino. Quizás un poco tarde, pero continuaba vivo y decidió rendirse. La lucha no valía la pena. Entonces, Carlos se preguntó qué era vivir bien y encontró que sus respuestas tenían que ver con el bienestar, pero no con el financiero, sino con el familiar. Así fue como aprendió que su familia estaba con él y que no necesitaba “matarse” trabajando para no disfrutar de lo que ya tenía en sus manos.
Otra historia es la de Jenny, quien luchaba por el amor de quien no le correspondía. Su lucha era infructuosa, porque cuanto más insistía, él más se alejaba. Así fue como Jenny decidió rendirse, por más que sufriera para pronto darse cuenta de que el amor no puede ser rogado y que aún así podía seguir amando. Al mismo tiempo de darse permiso para amar sin ser correspondida, abrió su vida emocional al amor en general y así fue como un nuevo compañero -a quien también pudo amar- apareció en su camino, porque aprendió que su capacidad de amar iba más allá de la obsesión que la había alienado.
Saber cuándo rendirse es la clave y no es tan dificil de encontrar cuando estamos centrados en nuestros sentimientos. Cuando algo que insistimos no sigue su curso, es tiempo de dar un paso atrás, rendirse ante la pretención previa, analizar cuál es el real motivo de dicha aspiración y reencontrar la respuesta en nuevas posibilidades. Al fin y al cabo, la vida nos ofrece miles.

 

Ana Nogales
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